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El juego en la clase de educación física no es igual que el
juego extraescolar, el mayor número de participantes, el intento de aglutinar
intereses muy diferentes y de forzar a un ritmo común, las menores
posibilidades de decisión y de ser protagonista llevan a bloqueos y respuestas
nerviosas.
Conseguir sacar al alumnado de este tipo de respuestas (catárticas,
simbólicas, individualistas...) es imprescindible si queremos conducirles hacia
situaciones de aprendizaje consciente dado que:
– En todas
estas respuestas el niño o la niña se ve dominado por lo inconsciente, la
satisfacción de necesidades inmediatas y un estado de agitación que les impide
preocuparse y tomar conciencia de problemas relacionados con la materia.
– Esa situación
de egocentrismo no facilita la implicación en temas comunes que permitan el
trabajo compartido con otros.
Veamos con algunos ejemplos algunos de
éstos problemas.
1.1. Estados
de alteración que impiden el aprendizaje
El
juego remueve en los participantes muchas emociones que les llevan a un estado
de activación y alteración especial. Desde la euforia al temor son muchas las
emociones que provocan reacciones impulsivas durante las actividades lúdicas.
Estas vías de respuesta emocional pueden nublar la acción intencionada1 provocando
con ello que el niño o la niña actúen con una baja conciencia de la situación y
sin mucho control de su movimiento. En ese estado arrebatado son fáciles de ver
situaciones problemáticas como las siguientes:
En un
juego de persecución en el que los capturados quedan inmóviles en el sitio
esperando a ser salvados mediante un abrazo, podemos observar que David,
acuciado por la persecución cercana de Lucas, en vez de dar abrazos salta al
cuello de los que están esperando ser salvados. El gesto es violento y poco
calculado y en algún caso termina con David en el suelo.
[Sesión
del 5-X-1999, 4º de Primaria]
En
una sesión realizada en el patio del colegio practican juegos de persecución
por equipos («policías y ladrones»). Reco-gemos durante ellos dos situaciones
peligrosas. La primera es protagonizada por David que al correr de forma
emocionada hacia su «casa», por ser perseguido por Beatriz, se tira dentro de
ella y choca bruscamente contra la pared. La segunda tiene peores
consecuencias, César corre para refugiarse en su «casa»y también se tira dentro
arrastrándose de rodillas por el suelo, pero en esta acción golpea su rodilla
contra el cemento lo cual le provoca un derrame sinovial.
[Sesión del 17-II-1998, 3º de Primaria] La emoción que provoca el
juego pone al cuerpo en un riesgo de lesión constante. Es por ello que
consideramos que el docente debe ayudar a calmar la acción, a que ésta sea más
consciente e intencionada con el fin de reducir esta peligro-sidad. Por otra
parte este estado de alteración no facilita los aprendizajes conscientes (I.
Luján y J. Machargo,1999,160). En ese estado de impulsividad e intranquilidad
elevada es difícil que el niño o la niña se preocupen de seguir un plan,
intentar un movimiento nuevo, o atender a una acción compartida con otros
compañeros. En palabras de J.Le Boulch (1997,76): Cada vez que la relación
entre actividad y control se desplaza a favor de un exceso de actividad, la
agitación difusa, ineficaz, sus-tituye a la acomodación2. En
estos estados de alteración en el que el gasto energético adquiere ese carácter
indiferente, difuso y no orientado, las vías corticales se ven desconectadas y
las posibilidades de aprendizaje se reducen o anulan. Dado que en nuestras
sesiones pretendemos que éstos niños sean dueños de su acción planificándola y
controlándola, que prueben nuevas acciones, que tengan en cuenta las respuestas
que dan los compañeros y adversarios para actuar en consecuencia, etc., se hace
necesaria una intervención dirigida a que el alumnado adopte unas respuestas
más calmadas, intencionadas y compartidas.
1.2. Problemas
relacionales
Los
juegos son un pequeño microsistema con un equilibrio frágil sostenido por la
normativa. En él las interacciones, dados los intereses a veces opuestos de los
participantes (no sólo entre los adversarios3),
son una fuente de continuas nego-ciaciones para que el equilibrio se mantenga,
pero ello no siempre es posible.
Dado el estado de implicación total de los niños y
niñas que intervienen, éstos nos muestran sus respuestas más arraigadas, las
apetencias, afinidades y rechazos son expuestas sin ambages y quedan al
descubierto cual radiografía (en ocasiones pensamos que nos permite leer lo más
íntimo del pensamiento).
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